Caminando por el valle
la verde pradera
se abre,
mas no al azar
sino a sabiendas
de por donde el
caminante va.
Con su holgada letanía
lleva un bastón en mano
se abre paso
alegre3
tranquilo
a través del gran
espacio natural.
Su mirada fija al frente
a veces hacia sus alrededores
observa el gran pastizal
como si fuera todo
un campo esmeralado.
La suave brisa no deja
de increpar las dulces hojas
del gran pastizal
por donde el viajero va.
Atrás quedaron las penas
atraś, en el olvido
hoy hay vida plena
inclusive en el lugar
donde va a llegar.
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