lunes, 1 de febrero de 2010

El Pedazo de Sable

Se que los casilleros rojos
se han vestido todos de blanco
por miedo a quedar color de rosa
si se mezclaban con el blanco.
Me parece una insensatez
tratar de escribir algo
y más cuando piensas que vale la pena
no se te ocurre nada
se pone oscura la mirada
ya ni el trino de algunos pajarillos
nos inspiran a los dos.
Es tiempo de acabar
de alejarse un tiempo
para volver a empezar.
Antes que me fagocite
la monotonía de tener
que vivir a expensas
de la misma cosa
de siempre
que no sé que es.
Como pretende estar haciendo algo
que ni siquiera tu entiendas
repites y repites
sin saber por qué, ni para qué
pero suponemos que algún propósito
ha de tener,
muy importante,
aunque no estemos tan seguros
al respecto.
¡Basta!
Cierro mi cuaderno
y me voy.
Cuántas veces he escuchado
no aguanto más
no aguanto más.
Todo ¿para que?
Todo ¿para que?
¿Para qué tanto amar?
Calumnias
despilfarradas,
azul de mar,
celeste de cielo.
En el corti9jo
hay herraduras
encontraré una,
a ver si me da suerte.
Con un detector de metales
encontré un pedazo de sable.
Estaba incompleto.
Era uno de esos que se ponen
en la punta del fusil.
Demasiado sanguinario para mi gusto.
No importa,
es de algún ejercito,
bastante antiguo.
Data del año un mil ochocientos y algo.
Me parece que lo voy a guardar
mi primo se lo quedó
habrá habido otro,
sin vergüenza
que escriba poesía
acerca de un primo
no lo creo
pero los míos son sin igual
por eso me acuerdo
del sable y de él
Porque el encontró el pedazo
hecho pedazos.
No yo.

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