martes, 9 de febrero de 2010

El Primer Emperador

Miro, observo, sopeso
inquietantemente
un grito estridente
hizo mella en la profundidad
de su tranquilidad
los avatares del tiempo
se disputaban los rincones
del enorme jardín
Los reyes bebían vino
de sus copas de oro
la servidumbre siempre fiel
entraba y salía del comedor
hacia la gran cocina
con innumerables platillos
que habrían de ser servidos
con sutil mansedumbre y beneplácito.

Ahora las frutas, los rieles y las enmiendas
las vestimentas de todos
se ajustaban para salir a ver
el hermoso parque florido
no hay nada más
allá del zenit
que el bello resplandor naranja
del tenaz emperador.

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