Nadan río abajo
los cuencos
desnudos de placer.
Algunos de bronce
otros de cobre.
Se observan
en su propio reflejo
circundante
como ráfagas de arena
giran sobre sí mismos
de un lado a otro
hasta que la corriente
los toma por sorpresa
haciéndoles visitantes
del cause profundo
del agua de los ríos.
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